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Leyendas y supersticiones

Hay muchas supersticiones y leyendas sobre los gatos. La más conocida es la que considera a los gatos negros como símbolo de mala suerte. Dicha creencia procede de la tradición celta que decía que los gatos eran los mejores aliados de las brujas y que estas podían transformar a las personas en uno de ellos doblegando su voluntad o convertirse ellas mismas en gato, por esta razón en la edad media se quemaron muchos gatitos en las hogueras, en la creencia de que estos representaban al diablo.

En África los brujos de las tribus zulúes también gustan de ser acompañados de gatos como símbolo de magia y poder pero estos prefieren a los que son de color cobrizo.

Según cuenta la leyenda, en el Arca Noé, los ratones se reproducían de una manera alarmante, haciendo peligrar las provisiones por lo que Noé preocupado solicitó ayuda del Señor, quien le indicó que debía acariciar tres veces la cabeza del león. Noé hizo lo que Dios le dijo y el león estornudó surgiendo de sus fosas nasales una pareja de gatos que restablecieron de inmediato el equilibrio en la embarcación.

Por otra parte los Celtas creían que los ojos de los gatos representaban las puertas que conducían hacia el reino de las hadas y que tener uno en casa ayuda a comunicarse con ellas.

En Egipto había una diosa con cabeza de gato llamada Bastet que era símbolo de belleza y fecundidad. A los niños se les ponían medallas con la cara de la diosa gata, para que los protegiera de las enfermedades. Los egipcios inoculaban a los gatos algunas gotas de su sangre para protegerlos de las enfermedades y los malos espíritus. Estaba prohibido matar a un gato, y la pena por hacerlo era de muerte. La muerte de un gato en Egipto era motivo de duelo familiar. Herodoto, en “Los nueve libros de la Historia”, cuenta como los miembros de la casa se rapaban las cejas en señal de duelo. Tras su muerte, su cuerpo se embalsamaba y momificaba en locales sagrados, y en el lugar de su enterramiento se colocaban ratones embalsamados. La religión lo consideraba un símbolo sagrado, estaba considerado como la reencarnación de los dioses en el trance de comunicarse con los hombres y manifestarles su voluntad. 

Para los antiguos griegos, el origen del gato se remontaba a Artemisa, diosa de la caza, que había dado vida al gato para poner en ridículo a su hermano Apolo, que previamente había creado al león para asustarla. 

Otra leyenda explica porque los gatos tienen su cola doblada, los gatos siameses tenían la misión de proteger las ánforas llenas de oro en los templos dedicados a las divinidades. Estos animalitos cumplían tan bien su tarea que de mirar la vasija sus ojos se volvieron estrábicos, y como sujetaban firmemente las asas con su cola esta tomó la forma que le conocemos.

Entre los galos, se castigaba la muerte de un gato con el equivalente de una oveja y su cordero, o a la cantidad de trigo necesaria para cubrir completamente el cadáver del gato suspendido por la cola, con el hocico tocando el suelo.

El gato aparecía ligado al paganismo de la Edad Media a través del culto de la diosa Greya, diosa del amor y de la curación según la mitología nórdica. Esta diosa guardaba en su jardín las manzanas con las que se alimentaban los dioses del Walhalla y en su iconografía aparecían dos gatos tirando del carro de la diosa.

En el medievo se pensaba que la piel y la sangre de los gatos curaban enfermedades.

La dualidad del gato como símbolo de la divinidad y de la representación demoníaca, ha dado lugar a supersticiones relacionadas con él en las cuales se le considera de buena o mala suerte según las circunstancias o el lugar geográfico.

Se dice que un gato negro es realmente un vaticinio nefasto, si se cruza en el camino de una persona de derecha a izquierda. También que pierde este carácter de maldad si tiene un lunar blanco en alguna parte del cuerpo. Existen pueblos en que el encuentro de un gato negro camino de la iglesia el día de la boda da buena suerte, mientras que en otros es símbolo de desgracias conyugales. Se cree que el gato negro trae buena suerte en los juegos de azar, sobre todo si se toca alguno antes de que empiece el juego. También se cree que tener un gato negro en casa es símbolo de buena fortuna y que si encuentras un pelo blanco en un gato negro tendrás buena suerte.

Otra superstición mantiene que encontrarse un gato de cualquier color viniendo de cara por el camino trae buena suerte, mientras que verlo de espaldas trae mala suerte. Asimismo, es de buen augurio que un gato nos adelante en el camino.

En el pasado, los marineros consideraban que traía buena suerte tener un gato negro a bordo, aunque no se podía pronunciar la palabra "gato", pues hacerlo acarrearía grandes desgracias. La gente del mar suele estar muy atenta al comportamiento del gato a bordo. Es tradición popular que si se arroja el gato por la borda o es ahogado en el mar sobrevendrán calamidades al navío y a su tripulación. Las mujeres de los marineros solían tener un gato negro en casa para asegurarse de que sus maridos volverían sanos y salvos. Cuando un pescador sale de pesca, considera de buen augurio que un gato le preceda, pero muy malo si se le cruza en su camino. Como se pensaba que los gatos podían fabricar tormentas los marineros se preocupaban mucho de mantener alimentados y contentos a sus gatos para evitar naufragios.

Los gatos se utilizan para adivinar en la creencia de que si está boca arriba en el suelo, anuncia lluvia, si está sentado de espaldas al fuego predice frío y mal tiempo, y si se la oreja derecha avisa que habrá una visita masculina o femenina si se lava la izquierda. Se cree además que los gatos poseen poderes extrasensoriales por lo que son excelentes mediums y captan con facilidad la presencia de espíritus. Se cree que los gatos pueden predecir la muerte de una persona, las tormentas y los terremotos, que trae buena suerte escuchar su estornudo, que pueden ver el aura de las personas y que si duermen en la tumba de un recién fallecido este se convierte en vampiro. Se creía que si un gato era puesto en el cruce de cinco caminos, se le hacía girar y luego se le seguía, en el lugar donde parara a descansar había un tesoro enterrado.

Como remedio contra las enfermedades existían diversas pócimas en las que intervenía algún elemento del gato. Por ejemplo, para curar la tos ferina se hacía un brebaje con nueve pelos de la cola de un gato negro desmenuzados y remojados en agua que se daba a beber al paciente. También se decía que pasar la cola de un gato negro por los párpados curaba los orzuelos.
 
Según la creencia popular el matar un gato o sus crías trae mala suerte, de aquí que algunos prefieran pagar a otros para que los maten en caso de ser muy necesaria su desaparición.
Soñar con un gato es de mal agüero. Maltratar a un gato trae mala suerte y matar a uno siete años de mala suerte. Si un gato sin motivo aparente abandona una casa y no vuelve la miseria o la enfermedad reinara en ese hogar. Un gato que esta de espaldas a una chimenea o fogata anuncia mal tiempo y frío. En la antigüedad se enterraban gatos vivos en las construcciones para asegurar el bienestar de los que moraran en el edificio.

Cuenta una leyenda que Mahoma tenía una gata blanca de ojos dispares llamada Muezza a la cual idolatraba, por esta razón los turcos consideran a estos gatos un regalo de Alá y también consideran tocados por él a los que muestran marcas de color en la cabeza. Los turcos también creen que su líder fundador de la república Mustafa Kemal Atatürk renacerá reencarnado en uno de estos gatos por lo que son reverenciados en Turquía y reciben el nombre de Ankara Kedi.

Otro mito árabe habla de los gatos de los deseos, a los cuales se los puede susurrar una petición al oído mientras permanecen en tu regazo y luego ofrecerles golosinas, de forma que si son del agrado del gato el deseo se cumplirá. Trae mala suerte contar que gracias al gato su deseo se ha hecho realidad.

En algunas regiones del sur de Estados Unidos todavía se piensa que, si se permite a un gato acercarse a un cadáver humano, una horrible desgracia caerá sobre la familia del difunto.  En Sicilia, un gato negro representa el mal de ojo. En Kentucky existe la creencia de que la visita de un gato negro a una casa es señal de buena suerte, excepto si decide quedarse, en cuyo caso significaría infortunio. En Gran Bretaña que un gato negro se paseara por delante de unos novios a punto de casarse representaba felicidad y fecundidad para los contrayentes. En Indonesia se piensa que los gatos tienen la facultad de controlar la lluvia. En Rusia los gatos azules son llamados "el gato arcangel" y se considera de buena suerte. Los gatos sagrados de Birmania son los encargados de llevar el alma de los monjes y escoltarlos hasta el nirvana.

En Japón creen que los gatos carey o blancos dan buena suerte. También hay una leyenda sobre un gato que en el siglo XVII vivía en un templo destrozado con un monje que aunque pasaba necesidad lo alimentaba. En una noche de tormenta, hizo señas con su pata a un hombre rico que estaba refugiado de la lluvia bajo un árbol para que le siguiera al templo. Cuando el hombre se acercó sorprendido a ver al gato, un rayo cayó sobre el árbol de forma que pudo salvar por poco su vida gracias al gato. Agradecido el hombre restauró el templo y alimentó al monje y a su gato para que no volvieran nunca a pasar hambre. Cuando el gato llamado Tama falleció recibió un solemne entierro en el templo Goutokuji, y se creó la figura de un gato de la suerte o de la fortuna llamado Maneki Neko (gato que invita a pasar) en su honor. Los japoneses creen que un Maneki Neko en el trabajo o en casa trae buena suerte, si tiene la pata derecha levantada trae prosperidad y dinero y si es la izquierda clientes o visitantes. También tiene diferentes significados según su color, el verde da seguridad en el hogar, el blanco suerte en los negocios, el azul cumple los sueños, el rojo proporciona éxito en el amor, el dorado es para la economía, el negro evita la mala suerte y aumenta la felicidad y el rosa ayuda a elegir a la persona con la que casarse.



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© 2009
Maica García


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